viernes, 25 de julio de 2014

Ámsterdam

(Mi amiga y ex compañera de trabajo, Mercedes, me pidió alguna pista para pasar un fin de semana con su hija universitaria en Ámsterdam) 

Querida Mercedes, aquí van mis sugerencias. 

Pero, antes de empezar, vamos a despejar un par de temas: en primer lugar, debo advertirte de que mi visión de los particulares puede estar distorsionada por lo mucho que me gusta Ámsterdam en general. El que avisa no es traidor. Y, en segundo lugar, abraza la bici. Ámsterdam sólo se entiende subido a una. Tienes que olvidar tus reparos al respecto. Prométemelo. Y necesitarás manejar bien un mapa. Espero que a Alicia se le dé mejor que a ti ;P 

Dicho esto, vamos al grano. 

El centro de Ámsterdam, es, en mi opinión, lo menos recomendable de la ciudad. Me refiero al área delimitada al norte por la estación central, al oeste y al sur por el canal Singel y al este por Waterlooplein. Para mí, entre el Damrak y el Singel lo único realmente destacable es el Begijhof, la interpretación holandesa del claustro ibérico y que vale la pena visitar sobre todo si el día es soleado. 


Entre la iglesia vieja (oude Kerk) y la nueva (Nieuwmarkt), más o menos, está el barrio rojo, lleno de turistas y, además, de un turismo bastante casposo. Cierto es que putas mostrándose en escaparates no es algo que se vea todos los días y que, por supuesto, hay que conocer. Pero ya. Mi consejo es que des un paseo de 1 hora y te vayas. Y no vuelvas. O quizás, si te apetece verlo en plan sórdido, puedes volver alguna noche del fin de semana. El barrio rojo se convierte entonces en un híbrido imposible entre Blade Runner, Desafío Total y cualquier película de adolescentes americanos. Quizás, puestos a conocer la esencia del barrio, visitarlo de noche sea la mejor opción. Lo más interesante del barrio, para mí, es que refleja la irrenunciable voluntad de transparencia de los holandeses y, por tanto, su renuncia a la hipocresía. O, al menos, al tipo de hipocresía que sufrimos aquí. La sorprendente cercanía de muchos de estos escaparates a la iglesia vieja, a veces, casi, pared con pared, es, probablemente, el caso más extremo. Por cierto, en mi última visita a la ciudad vi, por primera vez, algunos "putos" en los escaparates. 



Otra de las atracciones del centro muy publicitada en las guías y que resulta decepcionante es el mercado de flores. Huye de él sin remordimientos. Se trata de unas barcazas, llenas de gente, con pasos estrechos y en las que se vende siempre lo mismo.

Otra de las  Fuera de esta zona está lo mejor de Ámsterdam, empezando por los tres canales que la rodean. Heren, Prinsen y Keizersgracht (gracht es canal) son preciosos. Recórrelos en bici sin parar. De sur a norte y de este a oeste. Y no dejes de fijarte en las ventanas de las casas, pues a veces se adivinan jardines interiores increíbles. A través de estas ventanas se aprecia también una de las cosas que más me sorprenden y, al tiempo, más me atraen de Ámsterdam y son esas viviendas a pie de calle, con grandes ventanales y sin rejas. A veces sin cortinas siquiera. Si te das un paseo por la noche, alucinas. Ves, por ejemplo, gente cenando o viendo la tele en sus salones a la vista de todo el mundo. Sin ningún pudor. Me atrae irresistiblemente esa filosofía; respeto total y cada uno ocupándose únicamente de sus asuntos. 

Desde tu hotel en Weesperplein, te sugiero que cruces por el Magere brug y llegues hasta Reguliersgracht, que es uno de los canales más escenográficos, pues lo cruzan muchos puentes. 






Por la noche es precioso también, con los puentes iluminados por hileras de sencillas bombillas. 


Desde aquí puedes coger cualquiera de los tres canales principales y dirigirte hacia el oeste hasta llegar a una zona conocida como "las nueve calles" (http://www.de9straatjes.nl/en/homeque está bien para ir de compras, aunque en los últimos años se ha desnaturalizado un poco, con muchas boutiques internacionales en las que hay lo mismo que en cualquier otra ciudad. Aun así, hay mucha gente guapa, cafés trendy y algunas tiendas curiosas, como la librería Mendo (http://www.mendo.nl).

Al norte de las 9 calles está otro barrio fantástico, el Jordaan, que no puedo recomendarte lo suficiente. No es grande, así que es fácil recorrerlo entero en bici. Dicen que es como un pueblo, pero a mí toda la ciudad me parece eso. El barrio es famoso también por algunos Hofjes, que son patios de manzana ajardinados. Con el aumento del turismo, muchos están ahora cerrados al público y otros tienen horarios de visita, pero búscalos, pues son una pasada. Google tiene una lista de todos ellos. 


En el Jordaan, para hacer una pausa, te recomiendo una cerveza en el Café t’Smalle, en la esquina entre Egalentiersgracht y Prinselgracht.

Es uno de los bruijn cafés más antiguos y más célebres (los cafés marrones son el equivalente a nuestras tabernas). Aunque es un sitio muy famoso y, por tanto, aparece en todas las guías, mi sensación es que la clientela es autóctona. Tiene, además, una pequeña terraza montada en el canal, sobre una barcaza. Si lo ves muy lleno, echa un vistazo en la planta de arriba, pues las escaleras, que están detrás de la barra, parecen sólo para el personal. Hay arriba una estupenda mesa con vistas a la planta de abajo y, a través de las cristaleras, al ambiente de la calle. Tienen muchos tipos de cervezas y sirven también algunas cosas para picar. 

Si te apeteciera una parada dulce, también es muy típica la tarta de manzana de Winkel, que está al lado, en el cruce de Prinsel con Westerstraat.

El Jordaan está limitado al norte por Browersgracht, otro precioso canal digno de verse. En esta zona, después de recorrer el Browersgracht, te sugiero el siguiente plan: coges Harlemerdijk hacia el oeste, cruzas el Singel y te metes en Westerpark, yendo pegada al canal de Harlemerweg. Llegarás enseguida a una antigua fábrica de gas que ha sido rehabilitada y ahora está llena de terracitas para tomar algo, con un ambiente estupendo. 

Tómate algo si quieres, pero resérvate para lo mejor, que es ir a comer al Café-restaurant Amsterdam. Detrás de este anodido nombre, se esconde un local estupendo, también con una terracita en la parte de atrás, aunque el local es tan chulo que es casi mejor comer dentro. 


El menú es muy amplio y es fácil elegir. El servicio es joven, amigable y habla inglés. Y está ya fuera de las zonas turísticas, así que la mayor parte de la gente es local.


La zona de tu hotel, o sea, el este de Ámsterdam, al otro lado del el río Amstel, no la conozco bien. La última vez que estuvimos, dimos una vuelta en bici por la isla en la que está el zoo (algunos animales se pueden ver desde la calle) y el jardín botánico (Plantage), sin entrar en ninguno de los dos. Me pareció menos holandesa que el resto de la ciudad, con una arquitectura más bien francesa. No obstante, leí en la guía que Entrepotdok

es un canal con bares y restaurantes bastante de moda y sé que hay unos desarrollos urbanísticos rompedores en IJHaven y en la isla de Java. Si vas por esa zona, quizás sea gracioso comer aquí:

Probablemente lo mejor de toda esta zona, que, insisto, no conozco, es que no estará llena de turistas.

Pues con eso tienes bastante para tres días.

Naturalmente hay muchas más cosas famosas, como el Rijsmuseum, la casa de Anna Frank o el Vondel Park, pero eso está en cualquier guía. Ah, si vas al Vondel Park, échale un vistazo a las casas que hay en esta zona. De locos.

La última recomendación que voy a hacerte es el restaurante De Kaas.

Hay que ir a posta, pues está claramente fuera de las zonas turísticas, pero vale la pena y desde tu hotel no tardas nada (google dice 11 minutos).

Preferiría no decirte nada del restaurante y que te sorprendieras tú misma, pero no puedo aguantarme porque realmente me gustaría que fueras: está construido en un enorme invernadero, en un parque muy agradable, donde cultivan sus propios productos. Pero en plan impecable. Súper cool. A ti, más que a nadie, te va a encantar. Camareros muy guapos. Creo que vale la pena ir hasta allí porque, además, en el trayecto puedes ver un poco de la ciudad real en la que puede sorprenden, quizás, la cantidad de inmigrantes que hay.



Cuando acabes, aunque estés llena, acércate a tomar una tarta o un café al jardín de Merkelbach, que está al lado, en el mismo parque. Dudo que Londres haya un jardín inglés (abierto al público) tan agradable.

Eso es todo. Disfruta mucho sabiendo que, además, me das mucha envidia.

Besos,

Carlos