viernes, 19 de junio de 2015

Florencia

(Un matrimonio, padres de familia numerosa, se regaló un viaje a la Toscana para celebrar, en pareja, su décimo aniversario de boda. Imprudentes, me pidieron consejo sobre Florencia)

Hola chicos:

Ahí va esto, con algo de retraso, aunque mis circunstancias actuales constituyen una excelente excusa. 

En primer lugar, tened en cuenta que en Florencia estuve de Erasmus, con 21 años. Por tanto, poco dinero y, sobre todo, poco criterio. Y, peor aún, si echáis la cuenta, hace 17 años. Sí. 17. Mierda. He vuelto varias veces desde entonces, pero la última en 2004…

Pero ni por esas os vais a librar de una buena chapa. 

Como me habéis preguntado por restaurantes, os debo decir que mi sensación es que en Florencia no se come de fábula aunque, viniendo de España, lo tenéis que hacer muy mal para que una pasta o una pizza os parezcan malas. Y el café, por supuesto. Ahhhhh, el café… Qué envidia me dais. Por favor, tomaos uno a mi salud. Que sepáis que no hace falta pedir cappuccino para que el café tenga espuma. El caffè latte se hace con el mismo mimo. Es típica de Florencia la casquería y la bistecca alla Fiorentina, que se supone que es carne estupenda, pero os puedo asegurar que la carne que comemos aquí no tiene nada que envidiarle. Y es más barata.  

No obstante, como bien dices, Bea, hay tanto turista que hay que estar muy atento. Mi recomendación es que os salgáis un poco de las zonas más transitadas, que básicamente son las calles entre el Ponte Vecchio y Santa Maria del Fiore. Via dei Calzaiuoli, que es el eje principal, no tiene nada. Así que os sugiero perderos un poco. Si el día os pilla en la zona más heavy a la hora de comer, podéis comprar un bocata (panino) y recordar lo que decía Al Bano: la felicità è un bicchiere di vino con un panino. Para ello hay dos sitios míticos. Uno es I due fratelli, en via dei Cimatori, súper recomendable, aunque puede haber cola, y otro es un puesto ambulante, con una pinta infame, al lado de la fontana del porcellino. Pedid un panino con lampredotto. Y tampoco esperéis una cosa para volverse loco. Pero está bien. 

Fuera del centro más transitado, pero en una zona bonita en cualquier caso, os recomiendo una pizzería llamada Caffè italiano, en vía Isola delle Stinche, muy cerca de la iglesia de la Santa Croce. En su momento era muy famosa porque el pizzaiolo era napolitano y solo había dos tipos de pizza: margarita y marinara. Pero buenísimas. Ojalá no haya cambiado. Recordad que las pizzerías de verdad sólo ofrecen pizza por la noche, cuando encienden el horno de leña. Si vais a la hora de comer, aseguraos que sirven pizza. Y no sé más. Lo siento. Mis padres me llevaron una vez a una trattoria muy antigua, con manteles de cuadros y donde recuerdo que nos pegaron un palo de mucho cuidado.

Ahora dejadme que os recomiende un par de planes, de esos que quizás no vengan en vuestra guía, que, conociéndoos, seguro tenéis. 

El primero consiste en lo siguiente: comprad, en cualquier supermercado, o en el propio mercado, que está al lado de vuestro hotel, un pedazo de parmiggiano stagionato (36 meses), salami ungherese y algo de pan, que suele ser rico. Ya hace 15 años vendían en muchos sitios las típicas hogazas o medias hogazas que se están poniendo de moda ahora en Madrid. Echadlo todo a la mochila, con una botella de Acqua Panna y una navajilla, y preparaos para pasar el día en modo excursión.  

En la piazza Santa Maria Novella, también cerca de vuestro hotel, en vía dei Fossi, coged el autobús (podéis llamarlo lanzadera) 12. Se puede comprar el billete dentro (due biglieti singoli). O podéis ir de polizones, que es muy típico en Italia. La idea es ir hasta la iglesia de San Miniato al Monte, que tiene unas vistas preciosas sobre la ciudad. 



El bus da un poco de vuelta, pero una parte del recorrido os gustará. A partir de la Porta Romana, la carretera coge altura y, en seguida, se adentra en una zona de colinas y villas que resulta sorprendente que esté tan cerca de la ciudad. Y lo cierto es que las colinas y las villas toscanas son tan fiorentinas como el Ponte Vecchio. Os sugiero imaginar que vivís ahí. Tras unos pocos preciosos kilómetros, llegáis a San Miniato. Daos una vuelta por la iglesia y por su cementerio, disfrutando de las vistas sobre la ciudad y sobre las colinas que la rodean. 

Cuando os canséis, bajad por la misma carretera por la que ibais hasta el piazzale Michelangelo, que tiene unas vistas muy parecidas a las de San Miniato, pero con más gente, pues tiene un gran aparcamiento. Justo antes de llegar al piazzale, veréis a la izquierda una gran escalinata que baja hasta via del Monte alle Croci (os sugiero mirarlo todo un poco en google primero o, mejor aún, haceros con un buen mapa). Ahí podéis hacer una parada, en la enoteca Fuori Porta. Una birra Perotti y una bruschetta al pomodoro. 

De ahí, cogéis via Belvedere hacia la izquierda. Os aviso, es una cuesta de aúpa, pero breve; ni 500 metros. La via Belvedere os lleva al forte (fortaleza) Belvedere, que es una joya. Cuando estuve de erasmus era un lugar prácticamente abandonado. Una pasada. La última vez que estuve, habían puesto unas estatuas, arreglado un poco el sitio y cobraban la entrada, pero seguía siendo tranquilo, con pocos turistas. Espero que siga siéndolo. Suponiendo, que ya es suponer, que me hagáis caso, me sabría fatal que llegarais ahí y no cupiera un alfiler. Pero me extrañaría, pues, llegues por donde llegues, hay que estar dispuesto a subir una muy buena cuesta (yo la subía en bici, ojo). Y ahí os sentáis en el césped y os tomáis el queso y el salami mirando la ciudad desde lo alto. A la vuelta, volved por la Cuesta de San Giorgio, que termina en frente del Ponte Vecchio. Si seguís con ganas de pasear, sin cruzar el puente y siguiendo por recorridos “alternativos”, podéis dar un paseo por el barrio de Santo Spirito, que tiene un espíritu algo malasañero (en versión Fiorentina, o sea, muy rebajado) o, si seguís con ganas de verde, los jardines di Boboli, para que veáis cómo se las gastaban los Medici. 

Esa es mi sugerencia principal. 

La segunda posibilidad para ver Florencia desde lo alto y también disfrutar de las colinas que la rodean es ir a Fiesole. También se va en autobús de línea regular. El 7, que sale de piazza San Marcos. Se tarda media hora, más o menos. Pero vale la pena, de verdad. Incluso aunque sea sólo ir y volver. Pero si vais hasta allí y no tenéis prisa, en Fiesole hay un museo etrusco, sobre la antigua ciudad etrusca, que es una pasada. Que hace 3.000 años hubiera ahí ya un asentamiento, sobre el que puedes dar hoy un paseo, da una idea de hasta qué punto la Toscana y Florencia son sitios increíblemente buenos para vivir. Y las joyas, vajillas y demás objetos que se muestran también dan una idea de cómo un paisaje bonito puede inspirar una cultura refinada. El museo se ve en menos de una hora y no suele haber gente. En Fiesole hay un buen restaurante, con precios aceptables, l’Polpa. 

El centro de Florencia es, naturalmente, un pasada, como un museo al aire libre, pero que, como todo museo, tiene un cierto aire a decorado y tanto turista que puede resultar incómodo. En hora punta, de hecho, es terrible. Os recomiendo disfrutarlo a primera hora y, sobre todo, si podéis, por la noche. De hecho, una de las mejores cosas de Florencia es dar un paseo de madrugada, cuando esté vacía y silenciosa. Puede uno ponerse a llorar de la emoción. Desaconsejo la galleria Uffizi, a no ser que seáis grandes aficionados a la pintura y estéis los primeros en la cola. 

Espero que os sirva. Os deseo un viaje inolvidable. 

Un abrazote,

Carlos

Nerja

(Una estupenda amiga, Laura, me pidió alguna referencia sobre Nerja. Ella pasaría allí una semana de agosto con su novio)

Hola Laura!

Nosotros estuvimos 3 días en Nerja el año pasado por casualidad; se nos jodió otro plan en el último momento. Fuimos porque una amiga nos recomendó un hotel. Y nos encantó. Aunque lo cierto es que inicialmente íbamos un poco cabreados y sin unas expectativas locas. Y eso siempre ayuda.

Estoy seguro de que Miguel es un crack en estas cosas, pero, ya que estamos, comparto contigo un par de pistas. 

Aventureros y deportistas como sois, os recomiendo la zona de los acantilados de Maro.


Vais en coche hasta Maro, que está al ladito de Nerja, y seguís por la antigua carretera nacional (que es por la que vas hasta Maro) N-340. Iréis durante un par de kilómetros por una zona medio urbanizada para entrar a continuación en un tramo de acantilados, con el mar a la derecha, en bajo, y la montaña a la izquierda. Cada cierto tiempo, aparecerán a la derecha pequeños apartaderos y, desde ellos, se ven playas bajo terraplenes. Hay que caminar un ratito para llegar a cada playa. Nosotros estuvimos en dos. Pero yendo una semana, podéis descubrirlas todas. También se puede ir a estas playas en kayaks desde Maro (planazo, pero que nosotros no hicimos; Edu acababa de cumplir un año y el chaleco salvavidas más pequeño le quedaba como una sotana). En una de las playas, que te marco en este mapa hasta las 12:30 o 1 estábamos casi solos. Y en el punto exacto que he marcado en el mapa hay una cueva en la que protegeros del sol hasta la hora de comer (mientras el sol esté por el este).  


Las playas de esta zona son de cantos rodados, pero el agua es de una transparencia increíble.  

El día que no queráis andar con tanto trajín, Nerja también es chulo. Típico pueblo andaluz de casas encaladas, muy turístico, por supuesto, pero sin perder la esencia. El pueblo tiene varias playas, pero es curioso, porque están bajo un terraplén. Es difícil de explicar, ya lo verás. La playa típica en la que pasar el día es la de Burriana, que es la más convencional, al este del pueblo. Pero hay otras más pequeñas alrededor del balcón de Europa. Las playas están bien, son de arena gris ceniza (quema que no veas) y no muy fina, así que no son las típicas rollo Caribe, pero el agua está limpia y en seguida tiene profundidad, así que está fresca. Las horas más calurosas del día las pasábamos en la piscina del hotel y, por la tarde, cuando se ponía el sol, bajábamos a darnos un último baño a la playa que hay justo debajo del balcón de Europa (la de la izquierda, según se mira al mar). Aunque parezca mentira, se estaba súper tranquilo a esa hora. Y ya te digo que era agosto. Y en el chiringuito ya no hay nadie y te venden Alhambra reserva bien fresquitas por 3€. Y te las puedes llevar a la playa... No hay palabras. Tengo un recuerdo buenísimo.  

Por último, Frigiliana también vale una excursión al atardecer. Es un pueblo en la montaña, al que se llega en 15 minutos desde Nerja. Hay varios restaurantes con vistas, quizás el más gracioso sea el Garden Restaurant. No sé si la comida es buena, pero para una cerveza vale la pena el paseo hasta ahí arriba, pues está en lo alto del pueblo. 

Pues eso. 

Si no vais a Cádiz hasta el día 1, ya no coincidiremos, pero llámame cuando estés en Madrid, anda. Hazme un hueco en tu agenda para desayunar. 

Vale?

jueves, 18 de junio de 2015

Roma

(Mi amigo Fernando me pidió consejo para conquistar, en un viaje romántico a Roma, a su novia. Ahora es su mujer...)

Querido Fernando:

Con apenas unos, ¿meses?, de retraso, te envío mis consejos, que se centran en aquellas cosas que creo que no vendrán en la guía, que me imagino que tendrás.  

Pues bien. Roma es preciosa, entera, y llena de sitios recónditos con encanto. Te recomiendo, como filosofía general, que te hagas con un buen mapa y evites las calles principales en tus desplazamientos. Las calles secundarias son igual de bonitas, o más, y son más tranquilas. Roma tiene tanto turista que a veces resulta insoportable y los únicos romanos antipáticos están en esas  calles típicas que debes evitar, como via del Babuino (paralela discurre via Margutta, mucho más recomendable), via Condotti, piazza Venezia, las escaleras de piazza di Spagna, la fontana di Trevi, etc. Te recomiendo ir a estos sitios por la noche, después de cenar, en plan paseo romántico. Disfrutarás mucho más. Durante el día piérdete...  Por el Trastevere, por el Ghetto, por los alrededores de Campo de' Fiori, por via Giulia y via Monserrato, por las calles que unen via dei Coronari con via del Governo Vecchio, daos un paseo por Villa Borghese o por Villa Doria Pamphili, etc... No pierdas la oportunidad de entrar en cada edificio que veas con la puerta abierta, descubrirás patios interiores preciosos. Si entras con una sonrisa, nunca recibirás un reproche. Aprovecha para saludar a los vecinos que encuentres al modo romano; con el precioso "salve" (atrévete a alargar un poco la "a" y a pronunciar la "v" como una "v").  

Hay dos atardeceres muy románticos. Uno muy típico es el que se ve desde el mirador del Pincio, encima de Piazza del Popolo. Justo detrás del mirador empieza Villa Borghese. Puedes dar un paseo por el parque, acercarte a ver el atardecer al mirador y descender de nuevo a Roma para cenar. El otro atardecer, menos conocido pero igualmente bonito, se ve desde el mirador de Santa Sabina, en lo alto del monte Aventino, cerca del Circo Massimo. Las puestas de sol, con Roma como telón, conquistan cualquier corazón (toma). 

Las mejores vistas de los foros imperiales son desde el Campidoglio: sube la escalinata que lleva hasta la plaza y bordea por la derecha el edificio que queda enfrente. Por la noche, con los monumentos iluminados y un poco de silencio, es un sitio muy romántico. Casi mágico.    

En cuanto a la comida, mi opinión es que en Roma se come muy bien, pero sobre todo los productos típicos. En pocos sitios se come uno un buen filete o un buen pescado como en España. Quizás es un error intentar hacerlo allí. La pasta y las pizzas son mucho mejores que aquí y, si evitas los restaurantes claramente turísticos, más baratas. Te recomiendo, a continuación, una serie de sitios claramente romanos, genuinos. Restaurantes donde el pizzaiolo tiene la misma voz que Marlon Brandon en El Padrino. Estos son:  

-  Pizzeria Da Baffetto
via del Governo Vecchio (cerca de Piazza Navona)
-  Pizzeria il Leoncino  
via del leoncino (entre pza Espagna y Panteon)  
-  Matricianella
via del leone (entre pza de Espagna y Panteon)
Pizzeria San Calisto
piazza di San Calisto (cerca de Santa Maria in Trastevere). Este sitio es turístico, pero ha sabido mantener la calidad. La pizza di buffala cotta es imbatible. Probad también la scamorza con porcini (queso fundido con boletus) y la fior di zucca (flor de calabacín, rellena de mozzarella y anchoa, muy típico).
Da Gino
viccolo Rossini (cerca del Parlamento)
Filetti di Baccalà
Largo dei Librari (cerca de Campo de' Fiori)
Al Moro
vicolo delle Bollette (cerca de la Fontana di Trevi)
Perilli a Testaccio 
via Marmorata (cerca del Aventino, en el barrio de Testaccio)
Pizzeria Il Bersagliere 
via Candia (cerca de San Pietro). Tienen un limoncello casero que fue mi perdición en numerosas ocasiones. 
Caccio e Peppe
via Giuseppe, esquina via Luigi Settembrini (en el barrio de Prati). Vale la pena acercarse a comer los mejores carbonara que haya probado, y he probado unos cuantos... Tienen mesas al aire libre. Si hace bueno, es un sitio estupendo. 

Las pastas típicas de Roma son la amatriciana, la carbonara y el cacio e peppe (queso y pimienta). 
  
Para tomar una copa o un vino lo mejor es la zona de Campo de' Fiori. En la misma plaza, en el número 15, está la enoteca Reggio, mi favorita. En el ghetto, en la piazza Mattei (que además tiene mucho encanto), hay un sitio muy original y agradable para hacer un descanso y tomar un vino. Se llama Bar Taruga (juego de palabras con tartaruga -tortuga- pues en la plaza hay una fuente con el mismo nombre). Otro buen sitio, aunque menos "romano", para dejar un rato de caminar es Crudo, cerca de Campo de' Fiori, en via degli Specchi. En el Trastevere, es deliciosa, para hacer una pausa, Libri, una librería, con cafetería y patio interior, muy acogedora. Al fondo hay una sala para actuaciones. Con un poco de suerte te tomas un café y una tarta en el patio con un concierto de piano de fondo. Con menos suerte habrá alguien leyendo poesía en alto. Libri está en via dei Fienaroli. También en el Trastevere está Stardust, en una callajuela perpendicular a via del Moro, que es un sitio pequeño y tranquilo para ir después de cenar a tomar un mojito, que los hacen muy ricos. No te recomiendo pedir copas "a la española", tipo un ron con Coca - Cola. Aplica lo mismo que lo dicho sobre el filete o el pescado. Pide vino, si no, cerveza y, si no, un cóctel.   
 
Que vaya bien. Ya me contarás.

viernes, 25 de julio de 2014

Ámsterdam

(Mi amiga y ex compañera de trabajo, Mercedes, me pidió alguna pista para pasar un fin de semana con su hija universitaria en Ámsterdam) 

Querida Mercedes, aquí van mis sugerencias. 

Pero, antes de empezar, vamos a despejar un par de temas: en primer lugar, debo advertirte de que mi visión de los particulares puede estar distorsionada por lo mucho que me gusta Ámsterdam en general. El que avisa no es traidor. Y, en segundo lugar, abraza la bici. Ámsterdam sólo se entiende subido a una. Tienes que olvidar tus reparos al respecto. Prométemelo. Y necesitarás manejar bien un mapa. Espero que a Alicia se le dé mejor que a ti ;P 

Dicho esto, vamos al grano. 

El centro de Ámsterdam, es, en mi opinión, lo menos recomendable de la ciudad. Me refiero al área delimitada al norte por la estación central, al oeste y al sur por el canal Singel y al este por Waterlooplein. Para mí, entre el Damrak y el Singel lo único realmente destacable es el Begijhof, la interpretación holandesa del claustro ibérico y que vale la pena visitar sobre todo si el día es soleado. 


Entre la iglesia vieja (oude Kerk) y la nueva (Nieuwmarkt), más o menos, está el barrio rojo, lleno de turistas y, además, de un turismo bastante casposo. Cierto es que putas mostrándose en escaparates no es algo que se vea todos los días y que, por supuesto, hay que conocer. Pero ya. Mi consejo es que des un paseo de 1 hora y te vayas. Y no vuelvas. O quizás, si te apetece verlo en plan sórdido, puedes volver alguna noche del fin de semana. El barrio rojo se convierte entonces en un híbrido imposible entre Blade Runner, Desafío Total y cualquier película de adolescentes americanos. Quizás, puestos a conocer la esencia del barrio, visitarlo de noche sea la mejor opción. Lo más interesante del barrio, para mí, es que refleja la irrenunciable voluntad de transparencia de los holandeses y, por tanto, su renuncia a la hipocresía. O, al menos, al tipo de hipocresía que sufrimos aquí. La sorprendente cercanía de muchos de estos escaparates a la iglesia vieja, a veces, casi, pared con pared, es, probablemente, el caso más extremo. Por cierto, en mi última visita a la ciudad vi, por primera vez, algunos "putos" en los escaparates. 



Otra de las atracciones del centro muy publicitada en las guías y que resulta decepcionante es el mercado de flores. Huye de él sin remordimientos. Se trata de unas barcazas, llenas de gente, con pasos estrechos y en las que se vende siempre lo mismo.

Otra de las  Fuera de esta zona está lo mejor de Ámsterdam, empezando por los tres canales que la rodean. Heren, Prinsen y Keizersgracht (gracht es canal) son preciosos. Recórrelos en bici sin parar. De sur a norte y de este a oeste. Y no dejes de fijarte en las ventanas de las casas, pues a veces se adivinan jardines interiores increíbles. A través de estas ventanas se aprecia también una de las cosas que más me sorprenden y, al tiempo, más me atraen de Ámsterdam y son esas viviendas a pie de calle, con grandes ventanales y sin rejas. A veces sin cortinas siquiera. Si te das un paseo por la noche, alucinas. Ves, por ejemplo, gente cenando o viendo la tele en sus salones a la vista de todo el mundo. Sin ningún pudor. Me atrae irresistiblemente esa filosofía; respeto total y cada uno ocupándose únicamente de sus asuntos. 

Desde tu hotel en Weesperplein, te sugiero que cruces por el Magere brug y llegues hasta Reguliersgracht, que es uno de los canales más escenográficos, pues lo cruzan muchos puentes. 






Por la noche es precioso también, con los puentes iluminados por hileras de sencillas bombillas. 


Desde aquí puedes coger cualquiera de los tres canales principales y dirigirte hacia el oeste hasta llegar a una zona conocida como "las nueve calles" (http://www.de9straatjes.nl/en/homeque está bien para ir de compras, aunque en los últimos años se ha desnaturalizado un poco, con muchas boutiques internacionales en las que hay lo mismo que en cualquier otra ciudad. Aun así, hay mucha gente guapa, cafés trendy y algunas tiendas curiosas, como la librería Mendo (http://www.mendo.nl).

Al norte de las 9 calles está otro barrio fantástico, el Jordaan, que no puedo recomendarte lo suficiente. No es grande, así que es fácil recorrerlo entero en bici. Dicen que es como un pueblo, pero a mí toda la ciudad me parece eso. El barrio es famoso también por algunos Hofjes, que son patios de manzana ajardinados. Con el aumento del turismo, muchos están ahora cerrados al público y otros tienen horarios de visita, pero búscalos, pues son una pasada. Google tiene una lista de todos ellos. 


En el Jordaan, para hacer una pausa, te recomiendo una cerveza en el Café t’Smalle, en la esquina entre Egalentiersgracht y Prinselgracht.

Es uno de los bruijn cafés más antiguos y más célebres (los cafés marrones son el equivalente a nuestras tabernas). Aunque es un sitio muy famoso y, por tanto, aparece en todas las guías, mi sensación es que la clientela es autóctona. Tiene, además, una pequeña terraza montada en el canal, sobre una barcaza. Si lo ves muy lleno, echa un vistazo en la planta de arriba, pues las escaleras, que están detrás de la barra, parecen sólo para el personal. Hay arriba una estupenda mesa con vistas a la planta de abajo y, a través de las cristaleras, al ambiente de la calle. Tienen muchos tipos de cervezas y sirven también algunas cosas para picar. 

Si te apeteciera una parada dulce, también es muy típica la tarta de manzana de Winkel, que está al lado, en el cruce de Prinsel con Westerstraat.

El Jordaan está limitado al norte por Browersgracht, otro precioso canal digno de verse. En esta zona, después de recorrer el Browersgracht, te sugiero el siguiente plan: coges Harlemerdijk hacia el oeste, cruzas el Singel y te metes en Westerpark, yendo pegada al canal de Harlemerweg. Llegarás enseguida a una antigua fábrica de gas que ha sido rehabilitada y ahora está llena de terracitas para tomar algo, con un ambiente estupendo. 

Tómate algo si quieres, pero resérvate para lo mejor, que es ir a comer al Café-restaurant Amsterdam. Detrás de este anodido nombre, se esconde un local estupendo, también con una terracita en la parte de atrás, aunque el local es tan chulo que es casi mejor comer dentro. 


El menú es muy amplio y es fácil elegir. El servicio es joven, amigable y habla inglés. Y está ya fuera de las zonas turísticas, así que la mayor parte de la gente es local.


La zona de tu hotel, o sea, el este de Ámsterdam, al otro lado del el río Amstel, no la conozco bien. La última vez que estuvimos, dimos una vuelta en bici por la isla en la que está el zoo (algunos animales se pueden ver desde la calle) y el jardín botánico (Plantage), sin entrar en ninguno de los dos. Me pareció menos holandesa que el resto de la ciudad, con una arquitectura más bien francesa. No obstante, leí en la guía que Entrepotdok

es un canal con bares y restaurantes bastante de moda y sé que hay unos desarrollos urbanísticos rompedores en IJHaven y en la isla de Java. Si vas por esa zona, quizás sea gracioso comer aquí:

Probablemente lo mejor de toda esta zona, que, insisto, no conozco, es que no estará llena de turistas.

Pues con eso tienes bastante para tres días.

Naturalmente hay muchas más cosas famosas, como el Rijsmuseum, la casa de Anna Frank o el Vondel Park, pero eso está en cualquier guía. Ah, si vas al Vondel Park, échale un vistazo a las casas que hay en esta zona. De locos.

La última recomendación que voy a hacerte es el restaurante De Kaas.

Hay que ir a posta, pues está claramente fuera de las zonas turísticas, pero vale la pena y desde tu hotel no tardas nada (google dice 11 minutos).

Preferiría no decirte nada del restaurante y que te sorprendieras tú misma, pero no puedo aguantarme porque realmente me gustaría que fueras: está construido en un enorme invernadero, en un parque muy agradable, donde cultivan sus propios productos. Pero en plan impecable. Súper cool. A ti, más que a nadie, te va a encantar. Camareros muy guapos. Creo que vale la pena ir hasta allí porque, además, en el trayecto puedes ver un poco de la ciudad real en la que puede sorprenden, quizás, la cantidad de inmigrantes que hay.



Cuando acabes, aunque estés llena, acércate a tomar una tarta o un café al jardín de Merkelbach, que está al lado, en el mismo parque. Dudo que Londres haya un jardín inglés (abierto al público) tan agradable.

Eso es todo. Disfruta mucho sabiendo que, además, me das mucha envidia.

Besos,

Carlos