(Un matrimonio, padres de familia numerosa, se regaló un viaje a la Toscana para celebrar, en pareja, su décimo aniversario de boda. Imprudentes, me pidieron consejo sobre Florencia)
Hola chicos:
Ahí va esto, con algo de retraso, aunque mis circunstancias actuales constituyen una excelente excusa.
En primer lugar, tened en cuenta que en Florencia estuve de Erasmus, con 21 años. Por tanto, poco dinero y, sobre todo, poco criterio. Y, peor aún, si echáis la cuenta, hace 17 años. Sí. 17. Mierda. He vuelto varias veces desde entonces, pero la última en 2004…
Pero ni por esas os vais a librar de una buena chapa.
Como me habéis preguntado por restaurantes, os debo decir que mi sensación es que en Florencia no se come de fábula aunque, viniendo de España, lo tenéis que hacer muy mal para que una pasta o una pizza os parezcan malas. Y el café, por supuesto. Ahhhhh, el café… Qué envidia me dais. Por favor, tomaos uno a mi salud. Que sepáis que no hace falta pedir cappuccino para que el café tenga espuma. El caffè latte se hace con el mismo mimo. Es típica de Florencia la casquería y la bistecca alla Fiorentina, que se supone que es carne estupenda, pero os puedo asegurar que la carne que comemos aquí no tiene nada que envidiarle. Y es más barata.
No obstante, como bien dices, Bea, hay tanto turista que hay que estar muy atento. Mi recomendación es que os salgáis un poco de las zonas más transitadas, que básicamente son las calles entre el Ponte Vecchio y Santa Maria del Fiore. Via dei Calzaiuoli, que es el eje principal, no tiene nada. Así que os sugiero perderos un poco. Si el día os pilla en la zona más heavy a la hora de comer, podéis comprar un bocata (panino) y recordar lo que decía Al Bano: la felicità è un bicchiere di vino con un panino. Para ello hay dos sitios míticos. Uno es I due fratelli, en via dei Cimatori, súper recomendable, aunque puede haber cola, y otro es un puesto ambulante, con una pinta infame, al lado de la fontana del porcellino. Pedid un panino con lampredotto. Y tampoco esperéis una cosa para volverse loco. Pero está bien.
Fuera del centro más transitado, pero en una zona bonita en cualquier caso, os recomiendo una pizzería llamada Caffè italiano, en vía Isola delle Stinche, muy cerca de la iglesia de la Santa Croce. En su momento era muy famosa porque el pizzaiolo era napolitano y solo había dos tipos de pizza: margarita y marinara. Pero buenísimas. Ojalá no haya cambiado. Recordad que las pizzerías de verdad sólo ofrecen pizza por la noche, cuando encienden el horno de leña. Si vais a la hora de comer, aseguraos que sirven pizza. Y no sé más. Lo siento. Mis padres me llevaron una vez a una trattoria muy antigua, con manteles de cuadros y donde recuerdo que nos pegaron un palo de mucho cuidado.
Ahora dejadme que os recomiende un par de planes, de esos que quizás no vengan en vuestra guía, que, conociéndoos, seguro tenéis.
El primero consiste en lo siguiente: comprad, en cualquier supermercado, o en el propio mercado, que está al lado de vuestro hotel, un pedazo de parmiggiano stagionato (36 meses), salami ungherese y algo de pan, que suele ser rico. Ya hace 15 años vendían en muchos sitios las típicas hogazas o medias hogazas que se están poniendo de moda ahora en Madrid. Echadlo todo a la mochila, con una botella de Acqua Panna y una navajilla, y preparaos para pasar el día en modo excursión.
En la piazza Santa Maria Novella, también cerca de vuestro hotel, en vía dei Fossi, coged el autobús (podéis llamarlo lanzadera) 12. Se puede comprar el billete dentro (due biglieti singoli). O podéis ir de polizones, que es muy típico en Italia. La idea es ir hasta la iglesia de San Miniato al Monte, que tiene unas vistas preciosas sobre la ciudad.
El bus da un poco de vuelta, pero una parte del recorrido os gustará. A partir de la Porta Romana, la carretera coge altura y, en seguida, se adentra en una zona de colinas y villas que resulta sorprendente que esté tan cerca de la ciudad. Y lo cierto es que las colinas y las villas toscanas son tan fiorentinas como el Ponte Vecchio. Os sugiero imaginar que vivís ahí. Tras unos pocos preciosos kilómetros, llegáis a San Miniato. Daos una vuelta por la iglesia y por su cementerio, disfrutando de las vistas sobre la ciudad y sobre las colinas que la rodean.
Cuando os canséis, bajad por la misma carretera por la que ibais hasta el piazzale Michelangelo, que tiene unas vistas muy parecidas a las de San Miniato, pero con más gente, pues tiene un gran aparcamiento. Justo antes de llegar al piazzale, veréis a la izquierda una gran escalinata que baja hasta via del Monte alle Croci (os sugiero mirarlo todo un poco en google primero o, mejor aún, haceros con un buen mapa). Ahí podéis hacer una parada, en la enoteca Fuori Porta. Una birra Perotti y una bruschetta al pomodoro.
De ahí, cogéis via Belvedere hacia la izquierda. Os aviso, es una cuesta de aúpa, pero breve; ni 500 metros. La via Belvedere os lleva al forte (fortaleza) Belvedere, que es una joya. Cuando estuve de erasmus era un lugar prácticamente abandonado. Una pasada. La última vez que estuve, habían puesto unas estatuas, arreglado un poco el sitio y cobraban la entrada, pero seguía siendo tranquilo, con pocos turistas. Espero que siga siéndolo. Suponiendo, que ya es suponer, que me hagáis caso, me sabría fatal que llegarais ahí y no cupiera un alfiler. Pero me extrañaría, pues, llegues por donde llegues, hay que estar dispuesto a subir una muy buena cuesta (yo la subía en bici, ojo). Y ahí os sentáis en el césped y os tomáis el queso y el salami mirando la ciudad desde lo alto. A la vuelta, volved por la Cuesta de San Giorgio, que termina en frente del Ponte Vecchio. Si seguís con ganas de pasear, sin cruzar el puente y siguiendo por recorridos “alternativos”, podéis dar un paseo por el barrio de Santo Spirito, que tiene un espíritu algo malasañero (en versión Fiorentina, o sea, muy rebajado) o, si seguís con ganas de verde, los jardines di Boboli, para que veáis cómo se las gastaban los Medici.
Esa es mi sugerencia principal.
La segunda posibilidad para ver Florencia desde lo alto y también disfrutar de las colinas que la rodean es ir a Fiesole. También se va en autobús de línea regular. El 7, que sale de piazza San Marcos. Se tarda media hora, más o menos. Pero vale la pena, de verdad. Incluso aunque sea sólo ir y volver. Pero si vais hasta allí y no tenéis prisa, en Fiesole hay un museo etrusco, sobre la antigua ciudad etrusca, que es una pasada. Que hace 3.000 años hubiera ahí ya un asentamiento, sobre el que puedes dar hoy un paseo, da una idea de hasta qué punto la Toscana y Florencia son sitios increíblemente buenos para vivir. Y las joyas, vajillas y demás objetos que se muestran también dan una idea de cómo un paisaje bonito puede inspirar una cultura refinada. El museo se ve en menos de una hora y no suele haber gente. En Fiesole hay un buen restaurante, con precios aceptables, l’Polpa.
El centro de Florencia es, naturalmente, un pasada, como un museo al aire libre, pero que, como todo museo, tiene un cierto aire a decorado y tanto turista que puede resultar incómodo. En hora punta, de hecho, es terrible. Os recomiendo disfrutarlo a primera hora y, sobre todo, si podéis, por la noche. De hecho, una de las mejores cosas de Florencia es dar un paseo de madrugada, cuando esté vacía y silenciosa. Puede uno ponerse a llorar de la emoción. Desaconsejo la galleria Uffizi, a no ser que seáis grandes aficionados a la pintura y estéis los primeros en la cola.
Espero que os sirva. Os deseo un viaje inolvidable.
Un abrazote,
Carlos

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